
En su artículo “La erosión de la calidad de la política”, Eduardo Saffirio Suárez sostiene que la calidad de la política es un pilar fundamental de la democracia y su deterioro provoca una pérdida progresiva de la confianza pública, incluso sin quiebres institucionales visibles. El autor advierte que en Chile se observa una erosión sostenida de dicha calidad, la cual, junto con la crisis de representación y la polarización, limita la capacidad del sistema político para procesar demandas complejas y alcanzar acuerdos duraderos.
Identifica ocho manifestaciones del deterioro: el empobrecimiento del debate público, dominado por la lógica mediática y coyuntural; el debilitamiento de la deliberación y la responsabilidad, que reduce el diálogo y aleja las decisiones de la evidencia; la corrupción, cuya reiteración y baja sanción erosionan la confianza institucional; la priorización de la permanencia en el poder por sobre el servicio público; la cartelización de los partidos, que favorece la antipolítica; la selección adversa del talento, que desincentiva la participación de perfiles competentes; y una esfera pública marcada por la confrontación, que dificulta la cooperación y genera parálisis decisoria. Asimismo, en el plano ético, destaca la pérdida de la prudencia como virtud central de la acción política, sustituida por un pragmatismo de corto plazo que debilita el bien común y la responsabilidad intergeneracional.
En conclusión, Eduardo Saffirio advierte que un sistema político incapaz de generar políticas públicas de calidad queda expuesto a la improvisación, afectando tanto la eficacia del Estado como la legitimidad democrática. Revertir esta tendencia requiere no solo ajustes institucionales, sino también la reconstrucción de la cultura política con una ciudadanía informada y activa.