Viejos dilemas económico- sociales de un ya viejo modelo

Sábado, 13 septiembre, 2008

Curioso es que viejos análisis sean hoy dignos de repetirse. Me refiero a una respuesta a un lector (AP 2005). Existen algunos que no aceptan la posibilidad de transformar lo neoliberal desde dentro, para convertirlo en un nuevo sistema en que los modos de producción no sean, necesariamente, ni los modos socialistas o capitalistas; pero donde los subsistemas de producción surjan impregnados de democracia real en una economía social. Eso significa que los criterios básicos para definir la economía incluyen una participación ciudadana organizada, criteriosa y responsable en las decisiones macro y micro trascendentales del sistema, como en los principios y políticas que deciden la determinación del valor de las cosas, los servicios y el trabajo. Es difícil enfrentar este cambio; pero no es imposible.

El negativismo planteado por el lector en AP 2005 es, en el fondo, el mismo del economista W. Molano y del Presidente del TC, pues las declaraciones de esa autoridad preparan un camino constitucional lleno de “espinas”. Distinto es el caso de la diputada RN Karla Rubilar en La Segunda (11/9/08). Sus declaraciones son positivas, de corazón y con grandeza.

Creo en una mayoría cuando digo que la posición negativista en este caso es intransigente. Esas contradicciones vitales juegan con el concepto de libertad y con la consistencia de la democracia representativa. Conduce a reconocer a priori una dictadura hegemónica del liberalismo económico, desde posiciones ortodoxas y manchesterianas, hasta las neoliberales de nuevo cuño. Pretender que en democracia sólo puede regir el capitalismo, y que las otras posiciones no sirven para nada, es la negación de lo político y de la política.

Si existiera sólo el liberalismo económico, difícil sería encontrar equidad entre los “valores dinámicos de mercado” con los “parámetros de la necesaria justicia social”. Y conste que esta discusión de principios no tiene nada que ver con las formas de propiedad. Se trata de “economía de equivalencias entre el capital y el trabajo”.

Calificar de absoluta la imposibilidad de introducir progresismo o solidaridad en el modelo capitalista, es una afirmación temeraria que se opone por determinismo ideológico, por factores emocionales, movimientos o PP, con sustento de alguna de las verdades voluntaristas de los años 60 y 70. La verdad del 2008 permite creer en un mundo mejor, cambiando desde dentro al neoliberalismo. Es una lucha terrenal y espiritual.

Concordar con la afirmación negativa es ir contra la opinión de Salvador Allende y de muchísima gente que creyó en él y sus postulados. Equivaldría hoy a la aceptación de:

1. “Dictadura de la clase trabajadora” para convertir a los capitalistas en trabajadores.
2. “Exacerbación de la lucha de clases” para crear conciencia política y movilizar a los trabajadores en pos del modelo único de dictadura obrera.
3. “Creación del Estado proletario”, que administre los bienes y recursos de país, junto a los trabajadores.
4. “Institucionalización de la sociedad proletaria”, para que ese Estado o gobierno tenga sustento similar al Estado de derecho burgués.

Ni siquiera Lenin creyó legítimamente en esta posibilidad cuando llamó a retroceder dos pasos para avanzar uno. Lenin creía, al igual que Guzmán y Jarpa, verdaderos creadores de la UDI en las oficinas ligadas a la Papelera de los años 70, en una organización fuerte, con cohesión, fiel a los dictados del estado mayor político, con militantes educados políticamente, que agitaran y propagaran la doctrina oficial, agrupados en células o grupos pequeños que se convirtieran bajo un mando, en batallones de la revolución popular (gremial para la UDI).

Hoy, el único partido así organizado en Chile es la UDI. Por eso representa un peligro fascistoide, y es por eso que debemos ganarle a la derecha con todas las fuerzas populares demócratas y minimizar su poder. Allí, la izquierda extraparlamentaria deberá sentirse obligada a dar su apoyo, exigiendo su ingreso a la lucha democrática por el poder, para beneficio de la sociedad y no del Estado. ¡Nunca mas lograr poder sólo para sentir poder!

Hablemos claro, la estructuración del Estado proletario no tiene hoy sustentación, pues no cuenta, ni con la voluntad mayoritaria del proletariado, ni la determinación real de PP que quieran convertirse en el partido de la revolución, ni la organización y recursos para gestar movimientos revolucionarios y tampoco programas o utopías que hagan soñar.

Fidel Castro, al despedirse en el Estadio Nacional, dijo una gran verdad cuando gritó: Deben luchar siempre, ¡Con la verdad, con la verdad! ¡Con la razón, con la razón!

De no prosperar el cambio, el mundo obligará a la existencia de modelos solidarios y justos impuestos por la fuerza: ¡Lo aventuro, de aquí a 50 años más! Para algunos será el maldito siglo XXI y para otros, el bendito siglo XXI de los cambios, donde Iglesia, organizaciones sociales y civiles, impusieron ese mundo mejor, donde el poder es de la sociedad organizada. ¡Sin embargo, nunca más avanzar sin transar!

La verdad del hoy es una sola: No existe posibilidad de revolución proletaria. Y la razón nos empuja a demostrar que con una democracia renovada, sin destruirnos entre laicos y cristianos, con el apoyo de la ciudadanía, debemos construir sobre lo que tenemos, una sociedad equitativa, justa y solidaria, transformando desde adentro este modelo neoliberal a la chilena, en un sistema en el cual el capital sirva los intereses de la sociedad y no de los capitalistas. En otras palabras, que esté controlado por los principios de “cohesión social” y “bien común”, para desarrollar un modelo de desarrollo sostenible.

¡La próxima constitución debe ser la lucha por el poder democrático verdadero!
¡Necesitamos de los capitalistas monetarios, tanto como ellos necesitan del capital humano! ¡Necesitamos de los recursos naturales tanto como los ecologistas necesitan protegerlos con políticas de Estado!
Debemos transformar con fuerza dinámica la “esencia de la economía neoliberal” en este sistema, cual es la mera acumulación de riquezas y aprovechamiento de los recursos naturales, a través un concepto mesiánico de mercado.
Debemos transformar con fuerza dinámica la “esencia de la economía socialista” en este sistema, concebida como una mera derivación del problema de propiedad y reemplazarlo por un mecanismo de expresión y acción en los traspasos de activos, contenido en los “métodos de una democracia económica participativa”, los que deben estar incorporados en una nueva Constitución para una democracia participativa, solidaria, justa y equitativa, que nadie ose llamarla neoliberal o socialista, simplemente una Constitución Democrática.

Alejandro García

Un Comentario:

  1. sergio donoso dice:

    ¡con la verdad¡ ¡con la verdad¡os

    La verdad es que Cuba lleva 63 años de dictadura. En 1952 Batista dió un golpe de Estado, y en 1959 Fidel Castro, mediante insurrección militar se apoderó del poder, y en estos 63 el pueblo cubano no ha conocido la democracia.

    Si no partimos de una verdad dan obvia…..

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